Patrología I: La Didaché o Enseñanza de los 12 Apóstoles

Como tesoro oculto en el campo

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La historia a veces puede ser caprichosa. Le gusta mucho ocultar sus secretos en la densa neblina del pasado. Quien sabe cuántas maravillas se quedarán así, escondidas en la eternidad del tiempo, sin que sepamos siquiera que alguna vez existieron. Pero, cada cierto tiempo, la neblina se rasga por un instante y si somos lo suficientemente observadores, las maravillas que oculta detrás quedan al descubierto.

La Didajé (o Didaché) es un buen ejemplo de esto. Sabíamos de su existencia desde prácticamente siempre, pues muchos Padres Apostólicos la citaron o mencionaron en sus escritos (como San Clemente de Alejandría en el año 196 o San Eusebio de Cesárea en el año 340), pero se le consideraba, para todos los efectos, irremediablemente perdida. Sin embargo, en el año 1873, un sacerdote ortodoxo llamado Filoteo Bryennios se interesó por un viejo compendio polvoriento en la biblioteca del Monasterio del Santo Sepulcro, en Constantinopla (Estambul). Entre sus escritos, encontraría una copia completa de la Didaché.

Su descubrimiento fue excepcional por sí mismo. Apenas unos años antes, varios investigadores habían visitado esa biblioteca para buscar documentos interesantes, y quizás descubrir algo nuevo. No lo hicieron, por algún motivo la Didaché se les escapo, quizás simplemente no buscaron bien, o quizás, como dice la escritura “los tiempos de Dios son perfectos”. ¿Quién puede culparlos? El mismo Filoteo cuando descubrió el manuscrito donde se encontraba la Didaché no la noto al principio, pues su atención se enfocó primero en dos epístolas de San Clemente Romano (nuestro 4to papa) que se encontraban en el mismo libro, las primeras halladas de manera íntegra. Este fue un enorme descubrimiento en si mismo sin duda alguna, y el mundo entero se lo reconoció.

Esto tiene mucho mas sentido si se considera su contexto histórico. No hacía muchos años se había descubierto en el Monasterio de Santa Catalina (cerca del monte Sinaí, en Egipto) una de las primeras compilaciones de lo que hoy conocemos como La Santa Biblia, y lo que es más, también se encontró ahí la única copia completa de otro escrito que se consideraba perdido, la llamada "Epístola de Bernabé". Dicho texto lo veremos más tarde, pues también se considera como parte de los denominados Padres Apostólicos. A todo el compendio se le llamo Codex Sinaiticus.

Esto ocasiono una nueva oleada de búsquedas en las bibliotecas de los monasterios antiguos. Escuelas, comunidades, investigadores independientes, etc. se enfocaron en ello con todo su ahínco y recursos, y vaya que rindió frutos.

La enseñanza

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La Didaché es antigua. Muy antigua. Según algunos historiadores es contemporánea de los mismísimos San Pablo y San Juan, es decir, cuando estos santos apóstoles aun no terminaban de escribir sus libros, la Didaché ya estaba siendo leída por las primeras comunidades cristianas. Así de antigua es.

Se cree que estaba destinada a dar la primera instrucción a los catecúmenos (esta expresión ha caído en desuso, pero se les llama así a las personas adultas que se están preparando para su bautizo o inserción a la comunidad) pues se enfoca principalmente en cuestiones básicas y directas, a responder preguntas concretas, a explicar cuestiones sencillas y de una forma que deja muy poco a la interpretación personal. Por esto algunos lo llaman, y con justa razón “el primer manual cristiano”.

El texto es muy breve, apenas 16 capítulos, y se divide principalmente en tres partes bien diferenciadas:

1.      Catequesis moral. Se basa principalmente en la figura de “los dos caminos” (muy empleada en la antigüedad por otros padres apostólicos). Un camino es el de la vida, y el otro el de la muerte. Así de explicito es el resto del texto. Da de manera directa, casi en forma de listado las características de cada uno de ellos, y deja al lector la decisión de que camino elegir.

2.      Instrucción litúrgica. Explica el modo de administrar el bautismo, dándole una importancia que solo se puede encontrar en nuestra Iglesia y nuestros hermanos ortodoxos. Igualmente explica extensamente acerca de la oración, el ayuno y sobretodo de la celebración de la Santa Eucaristía, otro sacramento unicamente presente en la Iglesia Católica y Ortodoxa. Y ni siquiera hemos mencionado los otros sacramentos de la cual la Didaché nos habla, como el de la Reconciliación, el cual, ahora como entonces, es necesario para poder participar de manera plena en la cena del Señor.

3.      Disciplina en la iglesia. Exhorta a dos costumbres que desde siempre han manifestado la caridad cristiana: hospitalidad y corrección fraterna. Así mismo, da indicaciones claras sobre como tratar a los predicadores itinerantes (comunes en los primeros años del cristianismo, recordemos que San Pablo era uno de ellos) y como discernir si se trata de falsos apóstoles.

Finalmente, da una breve exhortación, llamando a los creyentes a permanecer fieles hasta el final, pues, “de nada servirá al creyente haber vivido una vida entera en la fe, si no son fieles en el último segundo” (Didaché 16, 1-2).

Implicaciones

Las primeras comunidades cristianas vivían en unidad, sino por la distancia, sin duda lo era por la espiritualidad que compartían entre ellas, la Didaché nos lo refleja y nuestra Iglesia lo testifica hasta hoy en dia. Sabían que debían hacer, como debían hacerlo y quienes podían hacerlo (y quienes no), todo esto en una época en la que recordemos, la Biblia aun no existía, lo que es más, ni siquiera se había terminado de escribir. Esto no impidió que, en muchos aspectos, las costumbres y tradiciones que se nos describen ahí continúen presentes en la Iglesia Católica. Los sacramentos eran tan vitales para los primeros cristianos como lo son ahora para nosotros, y la esencia de las oraciones litúrgicas que se nos presentan ahí se sienten presentes en cada Santa Misa. Esto nos da, sin duda alguna una lección importante, nuestro Señor dejo primero una Iglesia, viva y desbordante, amparada por el Espíritu Santo, el cual después, a su debido tiempo, inspiro nuestras Sagradas Escrituras.

Hermanos, los invito a leer este texto tan antiguo y a la vez tan actual, el cual testifica sin ninguna duda la historicidad de nuestra Santa Iglesia Católica, y legitimiza sus primeras y más básicas enseñanzas. Vivamos como vivían estos primeros cristianos, observantes de la tradición y humildes para aprender lo que aprendieron de sus padres, pero siempre deseosos de seguirse sorprendiendo por las maravillas del Señor.

La Didaché online: https://www.corazones.org/doc/didache.htm

 

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